El Delta del Ebro es un paraíso para los amantes de la naturaleza, un escenario donde miles de flamencos pintan el cielo de rosa en el Delta Birding Festival (DBF). Cada año, este evento congrega miles de miradas, pero esta edición, un visitante nocturno y bastante esquivo, ha dado un giro a todas las expectativas. La pregunta es: ¿cómo un ser tan discreto ha logrado robar el protagonismo al espectáculo más grande de la naturaleza?
Y el secreto de este éxito, de esta atracción magnética que ha dejado a todos boquiabiertos, no es otro que el búho cornudo.
Este ave rapaz, conocido científicamente como Asio otus, se ha convertido en la revelación inesperada del festival. Mientras las cámaras apuntaban a los espectaculares flamencos, este pequeño búho se dejó ver con una audacia sorprendente en un eucalipto de la urbanización Eucaliptus, captando la atención de cerca de 4.500 visitantes. No era un avistamiento cualquiera, sino una conexión fugaz con la parte más oculta y fascinante de nuestra fauna.
Este búho, lejos de ser un debutante, ya tenía cierta fama desde el año pasado, pero esta edición decidió mostrarse a plena luz del día (o al menos, en horas diurnas). Lo pudimos observar tranquilamente posado en la rama, contando las horas para su actividad nocturna, con un aire de superioridad y infinito hastío mientras elevaba sus característicos penachos en forma de cejas (y sí, nosotros también alucinamos con su actitud).
Su presencia ha sido tan viral que ha sido bautizado cariñosamente por algunos como «Uhu», por el conocido adhesivo, ya que no se mueve mucho del lugar. Lo que es imprescindible saber, sin embargo, es que el famoso ornitólogo Ricard Gutierrez reveló un dato que lo cambia todo: no es solo uno, sino que son varios los búhos que habitan la zona. Una auténtica solución a la preocupación de que algún día no lo encontremos, generando una «tribu» invisible de búhos cornudos que se dejan ver cada año.
La pasión por observar y su cara oculta
Esta conexión con el búho es solo la punta del iceberg de una pasión que mueve a miles de personas. Pero, detrás de esta afición, hay tendencias y retos que es necesario poner sobre la mesa. No todo es idílico cuando hablamos de observar aves; hay matices que nos afectan a todos y nos obligan a ser más conscientes de nuestra comunidad.
Uno de los aspectos más ocultos, y a la vez más alarmantes, que se ha tratado en el festival es la persistencia del machismo en el sector de la ornitología. Según una encuesta impulsada por Ana Rivas, de la asociación «Voces Pajareras», un 20% más de mujeres perciben situaciones de incomodidad, presión o menosprecio. Muchas abandonan la afición o prefieren observar aves por su cuenta, cansadas del paternalismo. Es un error que, como comunidad, debemos corregir para hacer de esta pasión un espacio verdaderamente inclusivo para todos.
Extinciones imprevisibles y tu decisión vital
Y mientras disfrutamos de la presencia de este búho tan especial, no podemos ignorar un toque de urgencia que resuena en el festival. Alex Berryman, experto en especies en riesgo, ha alertado que las extinciones de aves se han vuelto imprevisibles. El cambio climático, las ratas o las mascotas están acelerando este proceso, poniendo en peligro la misma existencia de las criaturas que tanto nos gusta observar.
La historia del carpintero pico de marfil, que se creyó extinguido durante décadas y luego se volvió a ver, es un ejemplo escalofriante. (Desafortunadamente, Berryman cree que ya está definitivamente extinguido, aunque no sea oficial). Leer esto no es solo una curiosidad; es una validación de que tu decisión de informarte sobre estas cuestiones es imprescindible. Es ahora, más que nunca, cuando nuestra atención y nuestra acción pueden marcar la diferencia.
El búho cornudo, los flamencos, y todos los demás pájaros del Delta nos recuerdan la fragilidad y la belleza de un mundo que necesita nuestra mirada. Porque, al final, ¿quién no querría tener un «Uhu» en su jardín?
